|
Pablo Otero Sanmartín*.- Estimado Alex, colega (colega.(Del lat. collēga).1. com. Compañero en un colegio, iglesia, corporación o ejercicio. 2. com. coloq. Amigo, compañero: Os estáis cargando el último reducto de periodismo. El corresponsal. Y no hablo del de Teherán o Washington o Bombay. Hablo del de Majadahonda o Tomelloso o de cualquier otro punto de este país. Me refiero a los hombres y mujeres que sin horario, sin contrato, sin seguros, poniendo de su parte todos los medios para cubrir una noticia habían vendido su alma a una agencia.
Se acabó lo de "levantar" noticias. Se acabó tener fuentes en toda la geografía española, porque desde una mesa a decenas de kilómetros pocas veces te va a coger el teléfono el alcalde de un municipio a las cuatro de la madrugada. Se acabó lo de escuchar que un periodista, con sus hijos a cuestas, ha abandonado una fiesta familiar para acudir al lugar de los hechos. Se acabó en definitiva una forma de hacer noticias, de entender este oficio que cada vez es más “corta y pega”, más “cubrir previsiones” y más comillas complacientes con el mundo de la política y los intereses empresariales (que tal vez sean la misma cosa...).
He trabajado codo con codo con corresponsales de Efe. En España y fuera de España. Hemos penado juntos para conseguir la frase, la imagen, el sonido de una noticia. Hemos compartido bocadillo haciendo guardias eternas frente a juzgados, cárceles, domicilios de personajes variopintos, sedes políticas, anatómicos forenses. Mientras en las redacciones cambiaban los turnos y se marchaban tranquilamente a casa los redactores. Nos hemos mojado y quemado al sol para enviar párrafos a toda prisa. Hemos estado a punto de estamparnos en una curva por conseguir un teléfono. Y ahora…gracias por todo y hasta nunca.
Como en casi todas las empresas la crisis se ha convertido en excusa y oportunidad de aligerar plantillas. Efe no iba a ser distinta. Lo más sencillo ha sido tirar por la borda a decenas de trabajadores y a sus familias. Y con ese gesto la agencia no gana en casi nada y pierde en casi todo. En lo principal. En lo único que nunca puede hacer una empresa periodística, perder presencia en su territorio de referencia, perder contactos, perder agendas, perder agilidad, perder proximidad, perder memoria. Porque los y las periodistas que han desempeñado su labor como corresponsales durante años y años son memoria informativa de momentos importantes en la vida de personas y de lugares de los que, tal vez ya nunca, vuelvan a escribirse unos párrafos. Porque ya nadie estará ahí para verlo y contarlo.
*Pablo Otero Sanmartín, periodista.
 |