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Cristina Infante Ortega.- Dos días. 30 y 31 de marzo. Este el tiempo que la empresa pública Agencia EFE, que dirige un periodista cualquiera designado por el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, me ha concedido como redactora corresponsal para afrontar que al mes siguiente no tendría dinero ni para comer. Ni yo ni mi hija de siete años. Todo un ejemplo de políticas de defensa de los derechos de los trabajadores, protección de las familias y apoyo a la mujer. Y en medio de la que califican como la peor crisis económica del mundo globalizado.
Después de catorce años de ejercicio del periodismo -que comencé en el diario ABC y que desde 1999 he desarrollado, con inmenso orgullo, en la Agencia EFE- no me tengo por ingenua, pero reconozco que este incumplimiento del plazo más mínimo de cualquier acuerdo de relación con los trabajadores ha conseguido sorprenderme. Al igual que la forma cobarde elegida por esta empresa pública para comunicarme su decisión: el envío de un correo electrónico sin firmar, que ni abrí al sentarme ante el ordenador para escribir la información sobre el acto que venía de cubrir.
Cuando hablé con mi jefe, que es el de la sección de Madrid de la Agencia EFE –al que no puedo más que alabar al igual que al resto de mis compañeros, víctimas todos ellos de este acto sucio- ya no pude redactar una frase más en todo el día. Mi sueldo fijo de 1.900 euros brutos al mes se iba a convertir en dos días en un pago de 7 euros por pieza. Es decir, 500 euros brutos al mes por la cobertura de una media de más de tres noticias al día. Todo el agradecimiento a mis amigas Montse y Marisol por las que mi hija y yo hemos comido desde entonces.
Después de esos dos días, un mes y veintiuna jornadas es el breve periodo de tiempo, y a la vez larguísima agonía, que la Agencia EFE ha tardado en echarme. Además de dejarme sin preaviso (dos días no lo son) con un sueldo neto por debajo, ya no del salario mínimo, sino de la pensión más baja, esta empresa pública ha intentado que firmara un papel en el que negara la relación laboral existente con ella y renunciara a todos mis derechos como trabajador. Por no mencionar otras exigencias como exclusividad en informaciones por 7 euros.
Señor periodista cualquiera que preside la Agencia EFE, Alex Grijelmo; señor presidente del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, que los tribunales hagan justicia. Me ha costado mucho demandar. Y para hacerlo he tenido que separarles a ustedes de los excelentes profesionales y personas con los que cuenta esta agencia.
Espero que ustedes pasen y yo vuelva, como los cientos de corresponsales de toda España que sufren esta misma situación, a la pantalla del ordenador a ejercer el periodismo con la dignidad, profesionalidad y dedicación con la que la Agencia EFE, como ningún otro medio de comunicación, me ha permitido hacerlo durante años.
Y ello a pesar, señor Grijelmo, de que presume, como lo ha hecho ante el propio presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, de que nos va a aplastar con los abogados del Estado y de que quien gane en los tribunales -porque saben que lo vamos a hacer- será destinado a Algeciras.
Supongo que sería, de nuevo, ingenuo pedirle que recapacitara.
Me llamo Cristina Infante Ortega (cio es mi firma en la agencia) y he sido hasta el 21 de mayo corresponsal de la Agencia EFE en Alcorcón y Villaviciosa de Odón. Antes redactora de la sección de Madrid, de fin de semana y encargada del Ayuntamiento de Madrid, y de la sección Educación, Ciencia y Medio Ambiente.
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